Cada año comenzamos septiembre con la sensación de que hay que volver a empezar. Recuperar horarios, trabajo, obligaciones, planes, rutinas… y hacerlo todo cuanto antes. Pero quizá este año no necesites empezar de nuevo. Quizá solo necesites volver a elegir.
Antes de llenar la agenda, puedes hacerte tres preguntas sencillas: ¿qué quiero conservar de estos meses atrás?, ¿qué me gustaría cambiar? y ¿qué ya no quiero seguir haciendo por inercia?
No intentes recuperar tu vida entera en una semana. Volver poco a poco también es volver. Recupera tus horarios, organiza tus tareas y establece prioridades, pero deja margen para adaptarte. La prisa por volver a “funcionar” puede convertirse rápidamente en estrés.
Después, elige pocas cosas que realmente importen. Diferencia entre lo que necesitas hacer y aquello que también quieres vivir. Porque entre el trabajo, las responsabilidades y las obligaciones debería seguir existiendo un espacio para ti.
Puede ser algo tan sencillo como reservar una mañana para estar al aire libre, volver a practicar ese deporte que echabas de menos, cocinar sin prisas, leer, quedar con alguien que quieres o simplemente no hacer nada. No todo lo que haces tiene que ser productivo.
Y si hay un proyecto, un viaje o una idea que llevas tiempo posponiendo, no necesitas tener todo resuelto para empezar. Busca ese primer paso. Una llamada, una fecha, una hora en el calendario. A veces avanzar empieza simplemente por dejar de aplazar.
Por último, prueba a hacer una pequeña pausa al final de cada semana y preguntarte: ¿esta semana he dejado espacio para la vida que quiero?
La rutina no tiene por qué ser el lugar donde desaparece lo que deseas. Puede ser el espacio desde el que empiezas a construirlo.
Este otoño, vuelve a tu rutina. Pero no vuelvas al automático.


